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Decálogo para dar un buen feedback

Ilusoriamente creemos que podemos controlar la imagen que otras personas tienen de nosotros, pero esto es así solo superficialmente y hasta cierto punto. Lo que decimos nos desnuda, y a menudo mostramos mucho más de lo que creemos contar. Observar cómo alguien se expresa nos da una información muy valiosa para comprenderla y dejar de lado dimes y diretes o disputas interminables por tener la razón. 

Si además queremos relacionarnos de la forma más positiva posible, transformar la apatía en curiosidad o el desacuerdo en comprensión, necesitamos aprender a utilizar un lenguaje capacitador. Este tipo de lenguaje facilita el hecho de abordar situaciones que se nos suelen atragantar: como decir a alguien en qué se ha equivocado, en qué puede mejorarqué aspectos podría reforzar. Si quieres saber cómo dar un buen feedback estas son las diez claves que necesitas tener en cuenta:

1. Piensa antes de hablar

Es importante que lo que decimos esté cargado de una intención de ayuda auténtica y sana. Para que todo no quede en un bonito propósito es bueno pensar qué vamos a decir. De esta forma evitamos que nuestro mal estado de ánimo, nuestra necesidad de desahogo o las tendencias de nuestra atención a enfocarse exclusivamente en el fallo interfieran jugándonos una mala pasada. Especialmente cuando se trata de hablar de errores o desacuerdos, recuerda que la sinceridad no está reñida con el respeto.

2. Sé específico

No hay nada más frustrante y descorazonador que te lean la cartilla. Además de ser algo un tanto injusto, el cerebro se agobia y el feedback, que busca el cambio, la mejora y está orientado a resultados, pierde todo su sentido. Ahí va un ejemplo: no es lo mismo decir «Nunca cumples con lo acordado» a decir «El último trabajo lo entregaste fuera del plazo que acordamos». 

La sensación de que el problema se repite una y otra vez no justifica la generalización, en ese caso la solución pide afrontar la situación de una forma más holística.

3. Al grano y sin expresiones de aviso

Nada se le da mejor a nuestra cabecita que dejar volar la imaginación, qué le vamos a hacer. Nuestro cerebro es experto en ponerse en lo peor, y hasta que utilicemos otros mecanismos más eficientes y la evolución haga su parte… este es el recurso que tenemos para prepararnos ante las incertidumbres. Precisamente por esta razón olvida las anticipaciones del tipo: «Tengo que comentarte algo en privado…», o «No te lo tomes a mal…», que pueden poner al otro en alerta.

4. Céntrate en lo que la otra persona hace, no en lo que la otra persona es

Si de pequeño te han dicho «Quién hace tonterías ¿qué es?» va siendo hora de derribar este ladrillo mental que tanto daño emocional genera. 

Adiós a los «Eres un desastre», «Eres un impuntual», eres, eres, eres… Cuando hagas alusión al comportamiento o la situación ocurrida hazlo con neutralidad y sin extrapolarlos a características de personalidad y/o formas de ser de los demás. Ese tipo de juicios y opiniones son como los consejos, que cuando no se piden sobran.

5. El feedback sano no necesita de artimañas, solo de educación, respeto y sensibilidad

Verte en la situación de decir algo un tanto desagradable no significa que debas hacer una sarta de cumplidos para suavizar el asunto. Endulzar el momento con cosas buenas, soltar el hachazo y terminar diciendo lo estupenda que es la otra persona; dar rodeos o hacer la pelota son gestos que enrarecen el momento, quitan naturalidad y tanto tú como tu interlocutor os quedaréis con una sensación de malestar y desconfianza.

6. Las sugerencias, críticas y temas delicados nunca con público delante 

Las personas somos más receptivas cuando nuestra pertenencia a un grupo o nuestra imagen social no se ve amenazada, cosa que ocurre cuando somos objeto de una crítica o recomendación (por suave que sea) delante de otras personas.

Evita que tu interlocutor se ponga en estado de alerta aprovechando los momentos de tú a tú.

7. Invita a hacer propuestas de cambio…

… con preguntas involucradoras que impliquen compromiso, por ejemplo, «¿Qué te gustaría cambiar para conseguir…», «¿Qué podemos hacer para que…?». 

Si eres tú el que quiere ofrecer alguna alternativa asegúrate que sea una sugerencia y no una orden. El mismo mensaje puede tener un efecto diametralmente opuesto si tiene un tono autoritario. Los «tienes que» son percibidos como ataques e implican una reacción de defensa. Los «creo que…» conllevan humildad y, por tanto, son más constructivos.

8. Si parte de la responsabilidad del problema es tuya hazlo saber

Alguien que se incluye en los méritos de otros y se desvincula de los fracasos compartidos no solo genera rechazo sino que pasa a ser considerado el «fantasma» de la oficina.

Si un mal resultado no tiene nada que ver contigo no te incluyas, pero si has tenido algo que ver, ponerlo sobre la mesa te honrará. Además, y mucho más valioso: estarás aprovechando una oportunidad de oro para hacer ver que los errores no se condenan, se comparten.

9. Pide feedback… y conviértete en un ejemplo acogiéndolo

Porque no todo va a ser dar. Si queremos convertir el feedback en un elemento habitual en nuestro entorno, tenemos que ser los primeros en pedirlo. Y, por supuesto, aprender a recibirlo.

10. Asegúrate de que los halagos y las buenas palabras aumenten la motivación intrínseca

Las recompensas verbales influyen en nuestra autopercepción como personas competentes y autónomas; si la información que recibimos hace que nos percibamos como muy competentes, se estimulará nuestra motivación intrínseca hacia la tarea.

Un aspecto interesante a tener en cuenta es que no tiene el mismo efecto decir a alguien que acaba de sacar el carné de conducir que lo hace bien y que demuestra seguridad en el volante (aspectos positivos internos) que hacer referencia a que conduciendo así no le pondrán multas (relación comportamiento-fin). Aunque ambos aspectos son positivos, el primero aumenta la motivación intrínseca mientras que el segundo la disminuye.

Espero que estas claves te ayuden a dar un buen feedback y también a saber recibirlo. Seguro que en tu propia experiencia tienes claves que te han funcionado de maravilla. ¡Si te apetece te invito a compartirlas en los comentarios y así ayudar a que más personas podamos ponerlas en práctica!

Lorena González de Arriba
@timefortalent

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