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¿Solo o acompañado? Siete claves para pedir aquello que necesitas

Nuestro día a día está lleno de responsabilidades. Tantas que es fácil que nos sintamos abrumados, ¿alguna vez te has sentido ahogado/a en una montaña de trabajo? ¿sin tiempo ni siquiera para pensar?

Todos tenemos momentos difíciles y lo cierto es que podemos con todo ello y lo que nos echen… Nuestro cuerpo se adapta a todo y podemos llevarlo hasta límites insospechados. El problema es que, por mucho que nos acostumbremos, nunca dejamos de pagar las consecuencias. El cansancio, el estrés… no desaparecen, lo que nos ocurre es que terminamos por hacernos insensibles a estos efectos. Volviéndonos incapaces de escuchar a nuestro cuerpo pidiendo auxilio.

¿Te has planteado que todo sería más fácil si a veces simplemente pidieras lo que necesitas?

El problema de pedir ayuda

Cuando los mails por contestar se apilan, las tareas sobrepasan la agenda y en el horizonte se ve venir más y más trabajo… nuestra moral se tambalea. Es fascinante como, incluso con esas, somos capaces de continuar con todo, manteniendo una sonrisa de puertas para fuera. No pedimos ayuda a nadie, ni siquiera para desahogarnos un poco… porque todo lo justificamos con un: «Puedo hacerlo yo solo/a».

¿Te suena? A la hora de la verdad ocurre que, cuando estamos al límite, nuestros resultados consumen más tiempo y encima son insatisfactorios. Tenemos que trabajar más cansados y hasta más tarde, empezamos a dejar de lado lo que es importante para nosotros, nuestras prioridades dejan de importar y nos convertimos, en definitiva, en una persona menos libre.

Nuestro orgullo nos hace repetirnos «soy capaz de esto y más», como si pedir ayuda atentara contra nuestro valor como personas. Pero esta defensa férrea de nuestra independencia acaba degenerando en un problema de autoestima. Porque conocer tu valor implica comprender que un gesto tan simple como pedir ayuda no te lo va a quitar. Y sentirte libre con todas las de la ley significa ser capaz de pedir aquello que necesitas, empezando por pedírtelo a ti mismo y, por supuesto, tener los recursos para trasladar tus necesidades a los demás.

Un sistema basado en el apoyo

No nos gusta sentirnos vulnerables ni expuestos. Nos aterroriza la posibilidad del juicio y el rechazo. Cuando pedimos ayuda nos exponemos a que todo lo anterior pueda ocurrir. Al mismo tiempo, nos gusta complacer a los demás y tenemos instalada la creencia de que pedir ayuda es algo molesto para el otro.

Sin embargo, hay personas encantadas de dar y recibir. La cooperación nos ha permitido desarrollarnos a lo largo de la historia y los sistemas basados en el apoyo mutuo son los más saludables, no importa si hablamos de familias, empresas o comunidades más amplias. Por supuesto que, cuando pides apoyo, la otra persona podría decirte que no e incluso juzgarte, pero… ¿es esto tan terrible como para dejar de hacerlo conociendo sus beneficios?

Cuatro claves para pedir lo que necesitas

Lejos de perder tu poder, pedir ayuda es un gesto de amor propio que implica una alta autoestima. Porque cuando te reconoces y valoras a ti mismo, no permites que tengas que cargar con todo cuando tienes la opción de pedir apoyo.

Si a veces preferimos callarnos es porque sentimos que el silencio es lo más fácil en el momento, a corto plazo. Pero ignorar nuestras necesidades y no ser proactivos en nuestra comunicación con los demás agrava nuestros problemas a largo plazo: no es solo que dejemos nuestras necesidades insatisfechas, también vamos creando una burbuja a nuestro alrededor que nos impide hablar sobre como nos sentimos. Con el tiempo, esto se traduce en un resentimiento hacia los demás (ya sea con nuestra pareja o con nuestros compañeros de trabajo) y una sensación de aislamiento.

Para que esto no ocurra, aquí tienes siete claves para romper el silencio, respetarte a ti mismo, pedir apoyo y cuidar de tu bienestar:

#1. Respeta tus límites

Todos tenemos unas prioridades, pero no siempre las respetamos. A veces tomamos decisiones incongruentes con nuestros valores por una falta de conciencia sobre que es importante para nosotros mismos. Por ejemplo, si no ponemos límite al tiempo de trabajo, da igual que necesites pasar un rato con tu familia y que eso sea prioritario para ti, nunca encontrarás ese tiempo. Por eso es importante identificar que es lo verdaderamente importante para ti. De esta forma puedes establecer límites y respetarlos. A partir de ahí, son tus valores los que te van pidiendo lo que necesitas y esto es fundamental antes de pasar a pedir ayuda a los demás. Porque de nada sirve pedir a los demás que respeten nuestras prioridades si nosotros no lo hacemos.

#2. Cambia lo que piensas sobre pedir ayuda

Cuando pedimos ayuda pensamos que somos una carga para el otro, que vamos a quedarnos en deuda e, incluso, que no somos dignos de recibir ayuda. Ya sabemos que pedir lo que necesitamos se relaciona mucho con nuestra autoestima personal.

Un modo de cambiar lo que pensamos sobre recibir ayuda es precisamente ayudando. De esa forma también experimentamos libremente lo bien que sienta apoyar a otro y podemos entender que una petición de ayuda puede ser un verdadero regalo para la persona que la recibe. Porque la generosidad es algo que nos hace mucho bien y sentirnos útiles nos llena de fuerza.

#3. No permitas que ayudar se transforme en una transacción

La ayuda no es una transacción que tengamos que llevar al día con cada persona. Nadie debe nada a nadie, de otra forma estamos convirtiendo el apoyo en una forma de dependencia tóxica que solo nos va a aislar más y más.

Sin embargo, ayudar a otra persona sí que nos sirve para compensar la balanza entre lo que damos y recibimos. Esta es una balanza muy íntima y personal. No trata sobre devolver un favor a alguien que te ayudó, sino más bien de dar y recibir y como te sientes tú con ello. Puedes recibir apoyo de una persona distinta de la persona a la que se lo das. Ese continuo intercambio te conecta con los demás y te llena de energía.

#4. Respeta la libertad del otro

Desde la comprensión de lo anterior podemos ser flexibles y distinguir la diferencia de pedir y exigir. Los demás también tienen sus prioridades y nuestra petición no tiene que ser correspondida de forma rápida y obligatoria.

Ten en cuenta al otro, observa por lo que está pasando antes de hacer una petición. También es importante dejar la decisión en manos de la otra persona, poner en valor su libertad y permitirle también no acceder a nuestra petición, sin reproches ni chantajes.

#5. Evita el relleno y ve al grano

A veces pedimos ayuda poniendo excesivo cuidado porque nos sentimos avergonzados de hacerlo. Es entonces cuando ocultamos nuestra solicitud rellenándola con frases del tipo «… pero solo si no es demasiado molesto», «si no estás muy ocupado», «si tuvieras tiempo» o dando vueltas sobre lo que queremos pedir sin ser precisos.

Es mejor especificar de una manera directa y concreta en qué necesitamos ayuda. Con las frases anteriores lo que terminamos comunicando al otro es que nuestras necesidades son secundarias y pueden ser atendidas en otro momento, lo cual no nos ayuda. Al mismo tiempo los rodeos generan que lo que pedimos parezca más complejo de lo que en realidad es, dificultando que el otro lo haga a gusto. Así que comunica de forma asertiva como te sientes, qué necesitas y de qué manera te pueden ayudar para resolverlo.

#6. Cede el control

Asumir que no tenemos todo controlado es complicado. Cuando pedimos ayuda es importante que respetemos el modo en el que el otro puede brindarnos esa ayuda. Delegar no es fácil y hay que aprender a ceder el control, de otra forma ni tu disfrutas de los beneficios de la ayuda de los demás ni los demás disfrutan ayudándote. 

#7. Agradece de forma directa y sin florituras

La persona estará satisfecha de haber sido útil y dar las gracias de corazón es la mejor manera de comunicarlo. Pero ten en cuenta que no es necesario exagerar nuestro agradecimiento, las gracias se entienden de forma sencilla y exagerarlas puede producir incomodidad.

Supera tus creencias limitantes, no ocultes lo que necesites, no te aísles del mundo, permite que otros puedan ayudarte, construyamos una cultura basada en el apoyo entre individuos con buena autoestima y confianza en sus relaciones con los demás. Nos vemos en el próximo artículo.

Francisco V. Hernández Ramírez
@franvhdez

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