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La pregunta que no quieres hacerte

 

Si al menos un cuarto de tu día decides pasarlo trabajando, significa que hay algo en lo que estás invirtiendo (o gastando) mucha, mucha energía... pero ¿cuándo fue la última vez que te paraste a pensar qué te mueve a estar donde estás?

 

No siempre la respuesta es lo más importante, a veces simplemente basta con no ignorar la pregunta

 

Comprender el contexto laboral en que nos encontramos, ser efectivos a la hora de plantear objetivos o desarrollar competencias como la asertividad es importante. Distinguir las necesidades que hay detrás de tus comportamientos, pensar en global y aprender a tomar decisiones desde tus valores es muy importante. Pero conectar con aquello que da sentido a lo que haces es, sencillamente, vital. Y para eso vas a tener que empezar a utilizar diariamente una herramienta que tenemos incorporada todos los seres humanos de este mundo, incluido tú. Te presento a tu fiel compañera: la honestidad.

 

Adictos al engaño

 

Puede que alguna vez hayas oído hablar de estudios e investigaciones que nos han dejado datos como que en una semana cualquiera mentimos a un 35% de las personas con las que entablamos una conversación, o que solemos mentir una vez cada 3 minutos de media.

Pero no hacen falta números y estadísticas para que tú mismo hagas examen de conciencia y traigas a la memoria esas veces en que has fumado más de lo que has admitido, has hecho menos ejercicio de lo que presumiste o has comprado más caprichos de lo que te gustaría reconocer. Pero ¿una mentira tiene que ver con si mentimos o decimos la verdad a las personas que nos rodean?, ¿qué tiene que decir nuestro organismo ante esta idea?

El equipo del investigador Langleben reveló que el cerebro humano dispone de un “detector de honestidad” que responde al simple hecho de pensar o no de forma deshonesta (independientemente de que se exprese). Este detector situado en la corteza cingulada anterior nos muestra que la honestidad tiene poco que ver con los demás, y mucho con nosotros mismos.

Puedes tratar de justificar el acudir diariamente a un puesto de trabajo que no te llena, puedes considerar razonable compartir tu tiempo con quien no quieres o tratar de esconder a los demás aquello que eres, lo que piensas o sientes. Sin embargo, la honestidad para nuestro organismo no es una batalla mental. Independientemente de nuestra opinión, es nuestro detector de honestidad el que toma las decisiones, y él tiene muy claro lo que es un acto deshonesto y lo que no.

Te invito a preguntarte de nuevo: ¿qué te mueve a estar dónde estás?

Del 1 al 10, ¿cuál es el grado de honestidad en tu respuesta?

 

En el próximo artículo...

 

Está claro que el engaño y el autoengaño tiene algún tipo de beneficios para nosotros pero, ¿cuál es el precio a pagar por normalizar el engaño y la mentira como mecanismo básico en nuestra vida?, ¿cómo repercute la honestidad en nuestras relaciones personales y laborales?

 

Fran V. Hdez.

@franvhdez

 

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