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Autoconocimiento para dummies

 

 

¿Cuántos amigos ricos tienes gracias a que han leído un libro sobre cómo ser millonario?

Cri-cri…, Cri-cri…

¿Has aprendido a trabajar en pos de un objetivo común tras un curso sobre “Cómo trabajar en equipo”?

¿¿No??, ¿¿de verdad??

¿Cómo puede seguir habiendo conflictos con hijos adolescentes?

¡Pero si Pedro Aguado se ha dejado la piel en “Hermano Mayor” enseñando cómo resolverlos!

Es incontable la información que existe sobre transformación personal en la que se habla de forma conmovedora sobre cómo abordar situaciones en las que, antes o después, muchos nos vemos envueltos. En ella se reconoce la importancia fundamental de capacidades y habilidades como la comprensión, la comunicación y la creatividad; pero por hermosas y atractivas que sean estas cualidades, nos resulta extraordinariamente difícil mantenerlas o ponerlas en práctica en nuestra vida cotidiana.

Ansiar volar muy alto y caer para estrellarnos contra el miedo, los hábitos contraproducentes y la ignorancia es una experiencia que reconocemos fácilmente. Con demasiada frecuencia, esperanzas y deseos se convierten en nuevas causas de desilusión, nos desanimamos y volvemos a nuestras distracciones habituales tratando de sacarnos los pájaros de la cabeza. ¿Somos incapaces de vivir vidas más completas y gratificantes?, ¿tiene razón el refranero con su <<Quien nace lechón, muere cochino>>?

No todo es para todos

Entender la evidencia de que cualquier tipo de información carece de valor por sí misma es más fácil si tomamos en cuenta el hecho de que cada uno de nosotros nos mostramos a través de diferentes tipos de personalidad; es decir, existen diferentes formas de percibir e interpretar el mundo, y por tanto, de relacionarnos con nosotros mismos, otras personas o nuestras circunstancias. Esta diversidad explica por qué algo que es enriquecedor para una persona puede ser desastroso para otra.

Si queremos comprender y extraer el valor de lo que ocurre en la película personal que vivimos a diario, así como disfrutar y beneficiarnos de aquello que pueden aportarnos los aproximadamente 7.500 millones de compañeros que tenemos repartidos por el mundo, necesitamos descubrir la piedra filosofal que transforma lo que toca en oro. Esto se traduce en descubrir de dónde nace nuestra manera de pensar, nuestros miedos, nuestros mecanismos de defensa, nuestras heridas emocionales o nuestros valores y motivaciones más profundas, así como sus implicaciones. En definitiva, para entendernos necesitamos averiguar nuestros propios códigos internos, y esto, es a lo que llamamos autoconocimiento.

Espejito, espejito…

El autoconocimiento es un trabajo interno, absolutamente individual y personal. Nadie puede hacerlo por otro, pero tampoco puede hacerse “sin otro”, es decir, necesitamos de la interacción y de la experiencia con otras personas para conocernos a nosotros mismos.

Con el fin de dejar de perder el tiempo señalando con el dedo a otros, lo más eficiente es empezar a mirarnos a través de ellos. De esta manera, las personas se convierten en un espejo que nos refleja aspectos de nosotros mismos que de otra manera no podríamos observar. De ahí, que la información más valiosa suela venir de la mano de aquellas que parecen aflorar lo mejor, o bien, lo peor de nosotros.

Señales visibles e invisibles

Debido a que conocerse a uno mismo es una cuestión de honestidad, humildad y valentía, al principio puede resultar incómodo y doloroso. ¿Cómo puedes saber entonces si estás o no en el camino que te lleva hacia ti mismo?

Del mismo modo que sabemos cuando estamos enamorados, sabemos perfectamente cuando estamos en contacto con nuestra verdadera esencia. Esto tiene que ver con el arte de ser, de estar, y con una sensación de conexión que es más fácil de experimentar que de explicar. Sin embargo, existen señales menos abstractas y completamente observables: una de ellas es que desaparecen de tu vocabulario palabras como “problema” o “culpa” y aparecen con más frecuencia otras como “oportunidad” o “responsabilidad”.

En el próximo artículo…

Veremos un ejemplo práctico y cotidiano que nos muestra que la vida puede ser un laboratorio abierto 24 horas donde podemos observarnos y comprender nuestra personalidad. ¿Cuál es la diferencia entre reaccionar y responder?, ¿qué implica una y otra?, ¿qué podemos hacer para ponernos manos a la obra?

Lorena G. de Arriba
@timefortalent

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